El convento fue fundado en el siglo XII, concretamente en el año 1190. Alfonso IX lo donó el 22 de julio de 1223 a la Orden de Santiago quien a su vez se la donó a Martín Alfonso (hijo de Alfonso IX), este a su vez lo donó definitivamente en 1269 a las monjas del convento de Santa Ana.
La iglesia fue restaurada a mediados del siglo XVI, conjugando la estructura gótica con la decoración plateresca. En el interior, destaca el coro y la capilla con un artesonado mudéjar de los siglos XV y XVI, el Cristo de los Milagros (siglo XIV) y en la iglesia el retablo mayor, obra de Antonio de Paz, y el sepulcro de Martín Alfonso y de María Méndez.




