El castillo de Zamora tiene una planta con forma de rombo. En ella destacan tres torres (dos con cinco puntas y una con siete). Todo el edificio está flanqueado por un foso de gran profundidad, que a su vez le da seguridad el gran grosor de los muros —más de dos metros de media—. Para acceder a él hay un puente que antaño era levadizo y que va a parar a una puerta con un arco apuntado.





