Aunque su tamaño es pequeño, la ermita de San Roque es uno de los edificios más entrañables de la capital y, junto con el Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, una de las zonas de paseo más frecuentadas por los ciudadanos. Por este motivo, desde hace mucho tiempo, la Diócesis de Guadalajara aspiraba a ejecutar su restauración.
